Ir al contenido principal

Entradas

Destacados

La reeducación deportiva, una cuestión de Estado en Argentina y Uruguay

Santiago Delgado                 La victoria emborracha, o puede emborrachar. La derrota segrega hiel, o puede segregar. Ambos extremos son nocivos. La mayoría de las personas saben ganar y saben perder, aunque la procesión vaya por dentro. Restregar la victoria por el rostro del vencido es algo que no alcanza los niveles morales mínimos. Responder con la violencia tras perder ante el vencedor es deleznable, cuando menos. Y digno de ser castigado con severidad por las leyes o normas deportivas. Junto a tales dos conductas, se juntan en perfecta combinación, la costumbre imparable de hacer trampas, y actuar de manera antirreglamentaria, sin ningún rubor. Y, además, hacerlo por sistema, e incluso como marca personal de juego. Todo ello con un árbitro amedrentado.               Es obvio, ya desde el mismo título de aquesta prosa, que me refiero a las conduc...

Entradas más recientes

¿Vencedores o vencidos? O la eugenesia anglogermana

Lamento por el himno español en el Mundial

La izquierdísima y el pueblo

La última Asamblea de Facultad, PSOE 2016

El Guernica, en Madrid siempre

Los abusos de las guerras y las ocurrencias borbonas

78yochista y liberal

Torre Pacheco 2, Violencias 0

Requiem por la “pretendida” superioridad moral de la izquierda, en España

La Izquierdísima