¿Vencedores o vencidos? O la eugenesia anglogermana





Santiago Delgado

         Comienzo a ver la película “¿Vencedores o vencidos?”, en la tele, sobre los juicios de Nüremberg a los jueces nazis, -o a volver a ver- y me chirria, ya en el juicio, la primera prueba del fiscal, que es anulada por el defensor. Veamos; se trata de un tarado (así lo llaman en esta lamentable película), que, en principio, se supone que ha sido esterilizado por ser disidente con el régimen nazi. Pero el sagaz abogado demuestra que el discapacitado ha sido esterilizado por eso mismo, por discapacitado (tarado, en la peli). Y entonces, todos lo entienden: los discapacitados no tienen derecho a descendencia. ¿Por qué? Tanto el juez como defensor y fiscal entienden que no ha lugar esa prueba porque comparten con los nazis, la supremacía del ser humano de inteligencia normal. ¿Qué entenderían por inteligencia normal? Todos nazis.

  Me escandalizo. Y dejo de ver la película. Los tarados tienen tanto derecho como el resto de la población a reproducirse. Así, como quien no quiere la cosa, dejan caer que la madre, igualmente discapacitada, tuvo diez hijos. Y que todos los hermanos son braceros. Qué desprecio a la maternidad y al mundo obrero, sin el cual no viviríamos. Por demás, qué supina ignorancia la de aquel orgulloso mundo de anglos y sajones con su deificación del superhombre perfecto.

Don Miguel de Unamuno tuvo un hijo con hidrocefalia, él tan inteligente. Y al que quiso con locura. En ese falso paraíso nórdico de Islandia, Finlandia, et altra, practican el aborto eugenésico por obligación. Y no tienen para desgracia suya (aunque lo ignoren) ningún Down.

En fin, en la película, so capa de condenar al nazismo, se proclama justa y necesaria la eugenesia preventiva, y prescriptiva. A mí, me parece un crimen al estilo nazi perfecto.

Para demostrar -en ese pobre nivel de racionalidad espectacularmente mostrado en el film– que el pobre “tarado” lo es, le piden que haga una frase con estas tres palabras: “cazador, campo, liebre”. Y, terminando de contestar lo anterior, la víctima, olvida la pregunta. Escenas más tarde, el juez, prota de la peli, articula la solución: “El cazador disparó sobre la liebre”, mostrando así lo obvio de que nuestra víctima sea doble víctima: ante los nazis y ante los aliados. Me dieron ganas de gritarle a Spencer. Oye, juez de jueces, ¿cuándo el defensor incluyó el verbo disparar en el acertijo propuesto? ¡Tramposo!

Es un monumento a la creencia que el anglogermano tiene de que ellos son el hombre perfecto. Como lo creía Thomas Jefferson, el Padre de la Patria USA, con seiscientos esclavos, algunas docenas hijos suyos, que vendía como tales esclavos en el mercado del puerto de Boston.

En fin, negar a los discapacitados el derecho a criar hijos es tan crimen contra la humanidad como cualquier otro. Un guion desafortunado, al que el tiempo dejó obsoleto y criminal. 

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