El Cambio Climático Constante de siempre

 



Santiago Delgado

         Decir cambio climático es una redundancia. Es como decir agua húmeda o viento ventoso. El clima siempre ha sido y será cambiante. El estado de la atmósfera es sólo previsible al 90%, que es poquísimo. Las glaciaciones, que fueron cuatro, con sus periodos interglaciares correspondientes, no tuvieron causa androgénica alguna. Porque ahí está la madre del cordero en el asunto. Lo importante, para los patrocinadores de la consigna de Cambio Climático, no es el invento de cambio climático sobrevenido de repente en la Historia Cósmica del planeta Tierra, sino el hecho de que, dicen, tal desastre lo ha provocado el homo capitalistus. O, dicho de otro modo, el capitalismo. La sociedad beatíficamente comunista, globalizada, no tiene a su alcance cambiar el clima, piensan. El capitalismo, sí. Tal es su teoría. Es su contraataque a la estrepitosa derrota histórica que la sociedad de libre mercado, enmarcada en un Estado de Derecho, le ha propinado, sin paliativos. Para hacerse con el poder y no dejarlo, han inventado esto: cambio climático causado por las fábricas, los coches, la agricultura intensiva y la ganadería expansiva. O sea, por la prosperidad. Ésta, la prosperidad –que es el motor de mundo– es anatematizada por esta globalización, que como el comunismo de Stalin quiere gobernar el mundo, sin contestación, ni oposición alguna. Para siempre, que es el sueño húmedo de esos amigos de lo ajeno, que, al fin y al cabo, son y han sido los comunistas y los neocomunistas. A las cosas por su nombre.

        Nuestro planeta, la Tierra, desde que cogió órbita estable –más o menos– alrededor del sol, de donde se desgajó, no ha dejado de buscarse a sí misma, con cambios de clima incesantes. Pretender explicar el cambio climático constante (CCC) desde la perspectiva de la vida de un humano es tan ridículo, como querer resumir en tres milésimas de segundo, aleatoriamente tomados, de nuestra vida, la biografía entera nuestra. En mi entender, los verdaderos negacionistas, son los que afirman que el cambio climático es reciente. Nosotros, los que somos afirmacionistas del Cambio Climático Constante, somos quienes estamos en la verdadera perspectiva del asunto: la científica, no la política.

        En la Tierra, siempre hay un volcán o dos, emitiendo gases de todo tipo, muchos de ellos de efecto invernadero. Nuestro planeta tiene diez movimientos, los más evidentes, traslación, rotación y recesión (cabeceo que origina las estaciones del año en ambos hemisferios), pero tiene otros siete. Y entre los diez, se interfieren, Dios sabrá con qué consecuencias. La Corriente del Niño, que no es una y que puede variar bastante de latitud con la que llega a la costa oeste centroamericana, cambia casi todo el clima en el Atlántico y Europa. El ser humano no fabrica la Corriente del Niño.

        Pero es que, además, a ese imán esférico que es la Tierra le afectan las explosiones solares, que son millones de millones de partículas subatómicas, algo así como las heces del sol, muchas de las cuales poseen carga eléctrica, que inciden, cómo no, en nuestra Tierra. Item más, las nubes de tormenta, gotas frías antes que danas, son también conglomerados de electricidad, que podemos ver en forma de relámpagos (de nube a nube) o rayos, de nube a tierra.  Esas nubes también, llegado el caso, puede verse asaltadas por esa basura solar, cuya altura sobre el sol es de miles de kilómetros. Las consecuencias de las manchas y explosiones solares se conocen muy bien, aunque no se sepan cuantificar, ni medir. Pensar que a la Tierra únicamente le puede afectar climáticamente el ser humano, y su actividad, es acientífico. Personalidades del ramo, como José Ramón Ferrandis y Manuel Toharia, así como varios Premios Nobel, piensan igual.

        Otra cosa es que determinada subespecie del homo sapiens, exactamente, el homo soviéticus, hiciera dos cagadas buenas (hablando de heces): la desecación total del Mar de Aral, por mor de no depender del algodón norteamericano, ni indio; y el desastre nuclear de Chernóbil, cuyo incompetente director, más por dolosa decisión, que, por negligencia sobrevenida, le atizó a máximos absolutos a la central, tiempo y tiempo, con el fin de figurar en el panel de ciudadanos ejemplares del mes, cuando la URSS. El resultado, radiactividad en cientos, o más, kilómetros a la redonda. En el resto de centrales nucleares del mundo, nada y menos.

        Y esto no quita reconocer, o simplemente saber, que estamos en una cúspide de ciclo. O iniciándola. Y que hay que hacer algo para paliar sus consecuencias. Al acrecentamiento de las danas, o gotas frías, en el interior terrestre del Golfo de Valencia, hay que responder con presas y encauzamientos, amén de mantener los cauces, todos los cauces, limpios de maleza, sobre todo de cañas, para que el río vaya rápido a la mar, a desembocar. Cuando desborda es cuando esas malezas, troncos y cañas obstaculizan la corriente, procediendo ipso facto a desbordar. El cauce limpio emboca a la corriente a llegar al mar antes, y sin dejar la playa absolutamente colapsada de cañas y demás.

        Conclusión: 1. el ser humano no es causante del ciclo actual de Cambio Climático Último que ahora observamos. 2. Hay que ir cambiando las costumbres de relación de todos, con la naturaleza; no para parar el CC, sino por un deber moral, ciudadano y positivo, sin dejar que sea utilizado como excusa pseaudocientífica para asutar a la población, y educarla en obedecer.

Comentarios

  1. Me parece un planteamiento inteligente, pues supongo que estamos entre dos glaciaciones con un periodo interglacial de varios miles de años. En esto estoy de acuerdo. Pero atribuir un fingido cambio climático a causas de influencia humana me parece algo aberrante, habida cuenta que la historia del hombre es solo una coma en el relato de la vida de la tierra... Enhorabuena.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares