Requiem por la “pretendida” superioridad moral de la izquierda, en España
Santiago Delgado
Después del congreso o reunión del comité federal, o lo que sea, del psoe, de este 4 de julio de 2025, ya no cabe que nadie enarbole el argumento de la superioridad moral de la izquierda. O Izquierdísima, que es el sanchismo más los trasnochados marxistas de ese mundo disperso y parásito de Sumar, Podemos y su etcétera ideológico. Mundo más basado en su apego al cargo, con su añadido de despachazo, pisazo, sueldazo y demás prebendas (como derecho a falcon), que en su afán redentor de las masas. Privilegios detentados a cuenta de ser parte (¿cuál parte será?) del cuerpo del gobierno Frankenstein.
La tal reunión nacional, congreso o comité, ha
exonerado a Sánchez de tener parte alguna de culpa en las sinvergonzonerías del
trío Las Vegas: Ábalos, Koldo y Santos. Una exención absolutamente falaz. Y el
tiempo, en breve, dirá. Quien nombra a gentes que utilizan el cargo para robar
durante ocho años, es tan responsable moralmente como los tres ladrones. No es
posible ignorar las tropelías del trio durante ese tiempo. No es posible. Una
supuesta supremacía moral de la izquierda le hubiera prohibido seguir. Si le
dejan continuar, todos cuantos allí estaban son, cuando menos, cómplices del Gran
Hermano. Si el sanchismo sigue, la democracia en España habrá muerto. Y el réquiem
será, también, por la concordia y paz entre españoles.
Lo primero que hizo Sánchez al coger el poder fue
quitar la custodia del voto por correo, a la Guardia Civil. Lo segundo, poner a un su amigo y conmilitón preciado de siempre, al frente
de Correos. Un sujeto, que estando en unas pérdidas milmillonarias esa empresa
pública, repartía generosísimos “bonus” entre su consejo de administración.
Luego, el voto por correo, oh casualidad, tuvo el sentido mayoritario que tuvo.
Son hechos.
Pero no es eso, el tema es otro ahora. Ahora toca,
desentenderse, sin más testimonio que el suyo propio, de los latrocinios al
dinero público de los tres golfos apandadores citados. Eso es haber dejado en
el olvido la vetusta moral de izquierdas. La pretendida moral de izquierdas,
sempiternamente superior a cualquier otra posición ideológica. Tal ridícula
superioridad, ha llegado al límite de dar por sentado que un robo al Estado de
alguien de izquierda es menos robo que ese mismo robo por parte de la derecha.
Lógica ética absolutamente depravada.
Y la izquierda a la izquierda del Sanchismo,
ofendidita porque el gran líder no actúa de manera más espectacular. Más suena
a principio de chantaje al propio Sánchez, que a postura moral alguna. Todo
antes de dejar la trilogía antedicha: cargazos, despachazos, sueldazos... Deseando
que el Gran Timonel haga un mínimo gesto de compungimiento, para dar por
terminado el oprobio de haber compartido administración con los golfos apandadores
patrios.
El congreso/comité del 4 de julio ha sido una aclamación
del amado líder, a la búlgara, expresión salida de los politburós comunistas de
la Bulgaria soviética de los 60. O como en los referéndums de Sadam Hussein,
del Irak de los primeros 2000, que sacaba, luego de contar el voto por correo,
105,6 % de voto afirmativo. Y no le daba vergüenza. A Sánchez tampoco.
Además, ¿saben qué? Tarde o temprano, vendrá el Tito
Cándido y saldrán todos a la calle, como Chavez y Griñán. Lo dicho, la moral de
uso de la Izquierdísima ha quedado a la altura del betún, y más abajo.
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