Torre Pacheco 2, Violencias 0
Santiago Delgado
¡Viva Torre Pacheco!; por ese vítor hay que empezar toda prosa que glose los sucesos que, alrededor del Carmen de este año 2025, han acaecido en la capital del Campo de Cartagena. Los pachequeros han sabido vencer al racismo inicial del inmigrante marroquí (que se representa a sí solo), que, sin venir a cuento, apalizó al señor que paseaba tranquilamente por su pueblo, solo y confiado. A partir de ese inicio fascista, sucedió otro del mismo signo, musulmán e inmigrante (que también se representan a si solos): los vecinos de las 90 nacionalidades del pueblo, que se manifestaban pacíficamente contra la violencia fueron vejados por esos que -ya digo- se representan a sí solos, al grito de “¡La policía nos protege!”, repetido y burlón. Una provocación en toda regla. A partir de ahí comenzaron a publicarse proclamas patrióticas españolas, de ayuda al pueblo no musulmán de Torre Pacheco.
Y vino el lío. Un lío que no llegó a
tener que ser escrito con mayúsculas. La base pacífica del pueblo, integrada
por todos, consiguió que las algaradas nocturnas fueran sólo carrerillas de
golfos, de ambos signos, armados de palos y otras armas primarias. Sí, hubo heridos.
Y. sí, la presencia de las Fuerzas de Seguridad contribuyó al éxito que, hoy,
pasado el Carmen parece reinar. Ojo, no es una paz ejemplar. Los inmigrantes desadaptados,
una minoría del 10%, que creen poseer una religión superior y definitiva, seguirán
con su pequeña violencia de menudeo, cotidiana, propia de amos en tierra propia,
pero en ajena. Repito: se representan a sí solos.
Porque hay una evidencia: existe una
inmigración norteafricana última, que, en el decir del profesorado pachequero, ha
llegado “muy envalentonada”. Ese plus de agresividad viene sin duda dado por el
relato histórico, adquirido en su tierra de origen, el cual, en forma de consigna, dice que España fue antes (hace cien años ha dicho alguno) musulmana, y que
ellos están llamados a regresar a los tiempo de Al-Andalus, a la península
entera. No creo que lleguen, ya digo, ni al 10 % del total. Un mayoritario total, que, ajeno a ellos, se halla plenamente integrado, y que recoge los pimientos a
45º al sol, en el mismo Campo de Cartagena.
A
ese 10%, cifra estimativa por este cronista, se suma el hecho de las segundas y
terceras generaciones magrebíes de familia integrada no quieren heredar esos
puestos de trabajo de 45º al sol. Y, desgraciadamente, carecen de iniciativa empresarial
propia, salvo excepciones. Un campo en el que han de trabajar los servicios sociales
españoles.
Y esa mecha seguirá ardiendo mientras la
no política de inmigración de Sánchez siga creyendo que importa votantes
sanchistas, en lugar de elementos en gran medida nocivos para la convivencia.
El sujeto capturado en Rentería (¡Gracias, Ertxantxa!) es uno de ese 10 % que
digo, que no represnta a a nadie, y que es perfecto agente provocador del enfrentamiento social entre gentes de los
pueblos de España, acogedores de inmigración. Una inmigración, sin la que la
mayor parte del campo español no sobreviviría.
Pero la victoria ha sido del pueblo de
Torre Pacheco. Por ello, repito: ¡Viva Torre Pacheco! Ha vencido a la violencia
del desgraciado inmigrante aislado, y a la contestación foránea subsiguiente.
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