Socioeconomía básica, hoy
Santiago Delgado
Las empresas que priman el reparto de
los beneficios sobre la capitalización están ya cuesta abajo en la rampa de la
extinción. La capitalización es necesaria, para la renovación tecnológica, para
la informatización, para preparar la exportación y etcétera. El reparto ha de
verificarse, luego de impuestos, según las leyes laborales vigentes en toda
sociedad libre. Los impuestos deben servir para afianzar y ampliar las
prestaciones a la población, evitando fabricar vagos y subsidiados permanentes.
Tampoco para afianzar al gobierno, que nunca deberá ser el Estado –salvo
perversión política evidente, mediante la asignación de pagas indebidas, apoyo
a los partidarios y colonización de las instituciones del Estado, que deben ser
independientes, de manera absoluta, del gobierno. El gobierno es, siempre, el
piloto efímero, transitorio, del Estado. El gobierno que hace planes, usando
dinero público, para mantenerse en la cúspide del Estado, es directamente
felón, sinvergüenza y canalla. Las instituciones deben estar dirigida por técnicos
independiente y profesionales. Ser demócrata significa creer en la profesionalidad
e independencia de quienes están al frente de esas instituciones. Es dolosa y
falaz la creencia de que independencia y profesionalidad son sinónimos de ideología
derechista. Entra derecha e izquierda, sí cabe la independencia y profesionalidad.
El dogma izquierdista, marxista más claramente, de que no existe ese campo
intermedio, al margen de los dogmas ideológicos, es claramente insano, antidemócrata
y fascista.
Una sociedad libre lo es en la misma
manera en que el Estado disminuye. Una sociedad próspera lo mes al margen del
Estado. De la riqueza, al Estado le pertenece la indispensable para cubrir
servicios; no lo necesario para mantenerse perpetuamente en el poder.
La diferencia: La Habana en 1959 era la ciudad
más próspera de Hispanoamérica. Singapur era un territorio misérrimo y tercermundista.
Hoy, Singapur exporta a todo el mundo, y tiene una renta per capita
mayúscula. Cuba, en eso, cero.
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