Socioeconomía básica, hoy

 


Santiago Delgado

         La riqueza de las naciones no la hacen los estados. La riqueza es producida por la sociedad, personificada en los emprendedores. Los emprendedores son las personas que desarrollan una idea, y, en mayor o menor medida, triunfan. O los que arriesgan su capital para invertirlo en donde rinda ese capital, aportando riqueza, opuestos de trabajo e impuestos para el Estado. La nación y la sociedad deben preponderar sobre el Estado. Lo contrario es marxismo. Lo contrario es la paupérrima Cuba, donde sólo hay un capitalista opresor: el estado comunista que vigila el mantenimiento de la pobreza en toda la población. Lo contrario del comunismo marxista, y sus alrededores, es la prosperidad. Cuantos más ricos haya en una sociedad, menos pobres existirán en esa sociedad. A menos ricos, más pobres. Ésa es la realidad empírica. La realidad es la realidad, no la que los dogmas, provenientes de ideas pretendidamente puras, como el marxismo, quieren imaginar que es.

        Las empresas que priman el reparto de los beneficios sobre la capitalización están ya cuesta abajo en la rampa de la extinción. La capitalización es necesaria, para la renovación tecnológica, para la informatización, para preparar la exportación y etcétera. El reparto ha de verificarse, luego de impuestos, según las leyes laborales vigentes en toda sociedad libre. Los impuestos deben servir para afianzar y ampliar las prestaciones a la población, evitando fabricar vagos y subsidiados permanentes. Tampoco para afianzar al gobierno, que nunca deberá ser el Estado –salvo perversión política evidente, mediante la asignación de pagas indebidas, apoyo a los partidarios y colonización de las instituciones del Estado, que deben ser independientes, de manera absoluta, del gobierno. El gobierno es, siempre, el piloto efímero, transitorio, del Estado. El gobierno que hace planes, usando dinero público, para mantenerse en la cúspide del Estado, es directamente felón, sinvergüenza y canalla. Las instituciones deben estar dirigida por técnicos independiente y profesionales. Ser demócrata significa creer en la profesionalidad e independencia de quienes están al frente de esas instituciones. Es dolosa y falaz la creencia de que independencia y profesionalidad son sinónimos de ideología derechista. Entra derecha e izquierda, sí cabe la independencia y profesionalidad. El dogma izquierdista, marxista más claramente, de que no existe ese campo intermedio, al margen de los dogmas ideológicos, es claramente insano, antidemócrata y fascista.

        Una sociedad libre lo es en la misma manera en que el Estado disminuye. Una sociedad próspera lo mes al margen del Estado. De la riqueza, al Estado le pertenece la indispensable para cubrir servicios; no lo necesario para mantenerse perpetuamente en el poder.

        La diferencia: La Habana en 1959 era la ciudad más próspera de Hispanoamérica. Singapur era un territorio misérrimo y tercermundista. Hoy, Singapur exporta a todo el mundo, y tiene una renta per capita mayúscula. Cuba, en eso, cero.

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