Necrofilia francófoba 25/50
Santiago Delgado
Cien actos y no sé cuántos días, como en
una canción de Sabina, van a utilizar los autodenominados progresistas en
festejar la muerte de Franco, en el año 2025, que comienza, cuando esto se
escribe, en breve. Son muy dueños, pero no tanto son dueños del dinero público
que van a gastar en tales antipompas fúnebres. Parece como si Franco hubiera
muerto en un hospital penitenciario, luego de ser juzgado por un tribunal
republicano, que diga revolucionario, aquel año de 1975. Olvidan que no, que el
muertito que celebran, –antricelebrándolo, que es curiosa manera de celebrar– murió
en su cama, en El Pardo. Y siendo el Jefe del Estado.
Además, luego del obitus festejandi,
hubo tres años de Franquismo sin Franco, con Arias Navarro y Suárez, sin Constitución.
Esos tres años añadidos de la ignominiosa etapa caen, también, dentro de los
cincuenta años celebrantes y festivos. Y más aún, quedaban siete largos años –
con eta matando a “tó lo que se meneaba”– hasta que llegara, según el decir de
no sé qué ministra, el primer presidente de la democracia, Felipe González.
Pero, todo discurre normalmente, según la realidad progresista. Cincuenta años
son una fecha redonda, y, oiga, que hace falta materia periodística para
oscurecer al acoso judicial al gobierno y demás familia. Un acoso al que hay
que hacer frente, no sólo esperando que el tito Cándido resuelva
definitivamente todo lo judicial que los jueces fachas perpetran, sino también actuando
en tiempo real. Lo de Franco, magnífica excusa.
Claro, los que no somos progres, sino “prosperantes”,
también podríamos celebrar, allá donde haya dinero público proclive a la causa,
la muerte de La Pasionaria, la de Largo Caballero, la del Campesino o la Negrín
o Azaña. Pero no será así, y seguiremos rezando, por ellos mismos, y por las
tres enfermeras asturianas, por los más de 500 despeñados en Ronda, por los
seminaristas de Barbastro, por los más de 5000 de Paracuellos, por los del pozo
de Camuñas (Toledo), por los asesinados en las checas madrileñas y otras. Por
los enterrados en las cunetas, con sus camisas azules, sus crucifijos y sus
escapularios. Y así, hasta repasar la geografía española entera. Por todo lo
que, voluntariamente, fue enterrado en aras de la reconciliación y el abrazo en
el 78. Pero no, Sanchescu, no. Este autócrata psicótico resucita al verdadero psoe,
que es de los guardaespaldas de Negrín, asesinando a Calvo Sotelo, y el psoe
dando golpe militar contra la República o amañando las actas del 36 a mano y
pluma, burdamente. Porque la República será de izquierdas o no será, que dijo
uno de ellos y que compartían todos; incluso los de ahora, los que búlgaramente
aclaman a Sanchescu en Sevilla, y por todos los que servilmente, votan y votan
a este sanchismo sin alma que, so capa de Igualdad, perpetra su continuidad
perpetua en el poder, con todas sus sinecuras de sueldazos, falcons y demás
privilegios, que únicamente lo son, en caso de ser aprovechados por la derecha.
La izquierda, haciendo lo mismo no; entonces es servir al pueblo.
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