Dos ases sobre el tapete verde, el Tahurísimo Sánchez
Santiago Delgado
Alfonso
Guerra, el causante último de que esta democracia española no sea sino
partitocracia, pretendió ofender a don Adolfo Suárez, llamándolo “Tahúr del
Misisipi”. Sí, no estaba mal aquel apelativo. Pero si don Adolfo no llega a ser
eso, un tahúr inteligente, que observa atento al resto de jugadores, la
democracia española hubiera tardado más en llegar. Como buen tahúr, Suárez supo
pasar de Jefe Nacional del Movimiento, a compartir palco y antepalco con el
Príncipe Juan Carlos, y comenzar a urdir con él toda la Transición. Por él,
Felipe se avino a la escena del sofá encendiéndose los cigarrillos mutuamente
ambos. No hubo ruptura, y sí reforma. Laus
Deo. El destino puso a un tahúr en el centro de la Transición.
Pero
los tahúres eran gente honrada. Sus ases los escondían en la manga. Hoy, el
Tahurísimo Sánchez, los despliega abiertos sobre el tapete verde. Ésas son sus
reglas. Primer As: el tito Cándido, que deshará cualquier sentencia en contra
de todos los implicados en el Megacaso Sánchez. Segundo As: Indra. Sí, Indra. No
digo nada del Indra del pasado. Pero, habida cuenta de que Indra, la empresa
informática que cuenta los votos en España, está absolutamente controlada por
el gobierno, desde sus consejeros hasta los técnicos de mando efectivo… ¿por
qué iba a ser la única entidad rebelada contra Sánchez, haciendo unos cómputos
adversos para el Tahurísimo? La lógica de la previsibilidad impone una lectura
paralela a la del Fiscal General del Estado, a la del Gobernador del Banco de
España, a la del Centro de Investigaciones sociológicas, etc. y etc. No,
indudablemente, hay que suponer a Indra, un comportamiento paralelo a los casos
anteriores. Para la izquierda marxista, ello es legítimo, porque el Socialismo
ha de quedarse a vivir siempre, mandando, en toda sociedad a la que alcance.
Ésa es su ley. No son inconsecuentes.
Así
que, en esas estamos: el Tahurísimo con sus ases a la vista de todos. Y esos
todos, que somos el resto, aceptando tales reglas del juego. Y al que proteste se le echa de la mesa, y es
arrastrado hasta la puerta giratoria, que se abre con el ímpetu de los puntapiés
recibidos de los guardianes mediáticos y no mediáticos, al servicio del
susodicho.
Las
expresiones “no hay nada”, referidas a Begoña, y “acabaré la legislatura y
vendrán otras”, no otro sentido tienen sino el que el dan esos dos ases: el
tito Cándido e Indra.
Comentarios
Publicar un comentario